martes, 21 de diciembre de 2010

DEPURADORA (20-12-10)

Ya que en 2º no nos dejan hacer casi excursiones, pues nosotros las hacemos por nuestra cuenta, como esta de ir a una depuradora.
Empezamos mal: Laura no podía venir y el autobús nº 4 pinchó 3 ruedas por lo menos, ya que Rocío y yo estuvimos esperándolo cerca de media hora, y los demás esperándonos en el Parque Mediterráneo.
Ya allí nos subimos en los coches gemelos de los profesores (no solo eran la misma marca y modela, sino también el color. Bueno, el de Rosa tenía un toque marrón, más en concreto color barro). Seguimos al de la depuradora hasta allí. En el camino casi conseguimos que el coche de Roque adquiriese el toque marrón.
Entramos y empezó a darnos una charla........una señora charla (Roque, ¿es que acaso no sabia ese hombre que ya habíamos dado el proceso de depuración en clase?) Que desesperación, y encima todo el rato de pie. Pero se ve que al hombre le pareció poco ya que luego subimos unas escaleras hasta una sala en la que había un gran panel con todas las instalaciones y nos contó que hacía cada una. Por Dios, eso fue ya la muerte para mis pies. A parte de estar más tiempo el panel no era chico para nada. Ocupaba una pared entera. Al final dijo que si teníamos preguntas. Obiamente no, y aunque si las tuviésemos nos daba igual. Lo único que queríamos era movernos.
Después de eso fuimos al laboratorio (que echaba un apeste..., pero no era la peor. Yo diría que la 2º peor). Allí vimos algunos instrumentos y fotos de algunas bacterias.
Luego salimos a ver las instalaciones. Vimos el agua casi depurada, lodo (cuyo olor era el 3º peor)y más.
Y por último nos llevó al sitio que peor olía (se llevó el premio). Tan mal olía que me preocupaba más por no respirar que por atender. Era un olor a huevos repodrido super concentrado (Pero qué pienso le daban a las gallinas para que pusieran los huevos directamente podridos?). Esa parte fue la peor. Olía pero que el amoniaco del a practica de química.
Pasado el tormento ya nos fuimos con Rosa a casa.
Nos advirtió Roque en clase que nos mentalizásemos de que olía fatal, pero no me pensaba que fuera tanto. Me tapé con el cuello vuelto del jersey y con el cuello del abrigo, y por mucho que me los empujara hacia la cara se seguía oliendo.

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